Mentira
Mentira Finalmente, un día, encontró algo: una lista de actividades extracurriculares del instituto Ricard Salvat. Entre los nombres, uno llamó su atención: Marcelo Hurtado. ¿Era él? ¿Podía ser tan sencillo?
—Lo tengo —susurró con una mezcla de triunfo y nerviosismo.
Pero el nombre era solo el comienzo. Necesitaba más. Pasó días siguiendo el rastro, buscando conexiones, intentando encontrar algo que confirmara que ese Marcelo era el mismo con quien había hablado durante semanas.
Fue entonces cuando cometió el error de mirar demasiado de cerca. Su búsqueda la llevó a un rincón oscuro del internet, un archivo que no debería haber encontrado. Lo que vio ahí la dejó helada: un artículo de noticias sobre un joven llamado Marcelo Hurtado, acusado de asesinato.
—Esto no puede ser verdad —susurró, mientras leía los detalles con las manos temblorosas.
El artículo describía cómo Marcelo había sido arrestado por su implicación en la muerte de otro joven durante una pelea. Decía que estaba recluido en un centro de menores y que esperaba juicio.
—No puede ser él. Tiene que haber un error.