Mentira
Mentira Xenia trató de convencerse, pero el miedo ya había echado raíces. ¿Y si Marcelo no era quien decía ser? ¿Y si todo había sido una mentira desde el principio?
Decidió confrontarlo. Escribió un mensaje directo, cargado de dudas y recriminaciones:
—¿Quién eres en realidad? ¿Por qué no me lo dijiste?
Esta vez, Marcelo respondió:
—Sabía que lo descubrirías tarde o temprano.
La frialdad de esas palabras la golpeó como un puñetazo. No hubo excusas, no hubo intentos de negarlo. Marcelo lo aceptaba, pero no ofrecía nada más.
—¿Por qué? —preguntó Xenia, con los ojos llenos de lágrimas frente a la pantalla.
—Porque pensé que nunca querrías hablar conmigo si sabías la verdad.
La sinceridad de esa respuesta solo la enfureció más.
—¿Y qué esperabas? ¿Que nunca lo supiera?
—Esperaba que vieras algo más en mí. Algo más allá de lo que dicen las noticias.
La respuesta quedó suspendida en el aire. Xenia no sabía qué pensar. Sentía rabia, traición, pero también una extraña empatía que no podía explicar. Marcelo no era un monstruo, pero tampoco era la persona que había imaginado.