Mentira
Mentira Al llegar a la última página, Xenia cerró el diario y lo dejó sobre su escritorio. Su mente era un torbellino de emociones: compasión, confusión, enojo. ¿Cómo debía procesar todo esto? ¿Cómo podía reconciliar al Marcelo que conocía con el chico que había descrito en esas páginas?
Esa noche, Marcelo le envió un mensaje, el primero desde que le había entregado el diario.
—¿Lo leíste?
Xenia tardó en responder. Sus dedos temblaban mientras escribía.
—Sí.
—¿Y qué piensas?
Se quedó mirando la pantalla, sin saber qué decir. Finalmente, escribió:
—No lo sé.
El cursor parpadeó mientras esperaba su respuesta. Cuando finalmente llegó, fue más simple de lo que esperaba.
—Gracias por leerlo.
Xenia apagó el teléfono y se hundió en la cama. Esa noche no pudo dormir.
La verdad de Marcelo había sido revelada, pero esa verdad era un espejo que reflejaba sus propias inseguridades, sus propios miedos. ¿Qué haría con todo esto? ¿Cómo podía volver a su vida normal después de todo lo que había descubierto?