Mentira
Mentira Había aprendido algo en ese tiempo, algo que Marcelo le había enseñado sin siquiera darse cuenta: las personas no son solo sus errores. Somos las decisiones que tomamos después de ellos, las veces que elegimos levantarnos y seguir adelante.
Cuando se despidieron esa tarde, Xenia supo que esta no era una despedida definitiva. Sus caminos podían divergir, pero ambos llevaban algo del otro que les ayudaría a seguir adelante.
Marcelo se alejaba hacia el horizonte, su figura fundiéndose con las sombras alargadas de los árboles, mientras Xenia permanecía de pie, mirando cómo el mundo seguía girando, lleno de luz, lleno de sombras.
Y por primera vez, no le temió a ninguna de las dos.