Mentira
Mentira Ella se quedó mirando las palabras, un escalofrÃo recorriéndole la espalda. Claro que lo habÃa querido, pero nunca lo admitirÃa en voz alta. Sin embargo, Marcelo lo habÃa dicho como si pudiera leer su mente.
A partir de ese momento, las conversaciones se hicieron más profundas. Ya no hablaban solo de libros, sino de sus miedos, sus sueños, de lo que los mantenÃa despiertos en la madrugada. Marcelo parecÃa tener un alma atormentada, y Xenia no podÃa evitar sentirse atraÃda por su misterio.
—A veces pienso que no soy bueno para nada —le escribió él una noche—. Como si todo en mà estuviera roto.
—Eso no puede ser verdad —respondió ella, apretando los dientes con frustración. ¿Cómo podÃa alguien como Marcelo pensar asà de sà mismo?
—Si supieras quién soy en realidad, no pensarÃas lo mismo.
Aquella frase la inquietó más de lo que estaba dispuesta a admitir. ¿Quién era Marcelo? SabÃa que tenÃa 17 años y que estudiaba en el instituto Ricard Salvat. SabÃa que amaba los libros tanto como ella, pero más allá de eso, no tenÃa nada tangible.
—Entonces dime quién eres.
—No puedo.
