Nada
Nada —Juan no siempre fue asÃ, ¿sabes? Antes de la guerra, tenÃa sueños... ilusiones. Pero esa guerra nos rompió a todos. Y a él más que a nadie.
—Pero eso no excusa lo que te hace —replicó Andrea, sintiendo una mezcla de lástima y rabia.
Gloria rió, pero no habÃa alegrÃa en ese sonido.
—La guerra sigue aquÃ, Andrea. En esta casa, en nuestras almas. Y tú no eres diferente.
Las palabras de Gloria la persiguieron mientras intentaba dormir. Esa noche, se despertó sobresaltada por el sonido de pasos en el pasillo. Al abrir la puerta, vio a Ena y Román hablando en voz baja. La cercanÃa entre ellos era evidente, casi Ãntima, y algo en su postura hacÃa que Andrea sintiera una punzada de traición.
A la mañana siguiente, Ena se presentó en la universidad como si nada hubiera pasado. Pero para Andrea, algo habÃa cambiado. Sus mundos, que hasta entonces habÃan estado separados por un frágil equilibrio, estaban a punto de chocar con consecuencias devastadoras.
—Ena, tienes que dejar de venir a mi casa —le dijo Andrea, intentando mantener la voz firme.
Ena la miró, sorprendida.
—¿Por qué? ¿Por Román?
Andrea no supo qué responder. Finalmente, murmuró:
—Por mÃ. Por favor.