Nada
Nada —¿Por qué no me lo dijiste antes? —la voz de Ena se rompió, cargada de una mezcla de incredulidad y dolor.
Román, siempre imperturbable, respondió con calma.
—Porque no estabas lista para saberlo.
Andrea no podÃa ver el rostro de Ena, pero podÃa imaginar las lágrimas acumulándose en sus ojos. Lo que fuera que Román habÃa revelado, habÃa destrozado la imagen que Ena tenÃa de él, y tal vez incluso de su propia familia. Andrea sintió el impulso de intervenir, pero sabÃa que no era su lugar. Esto era algo entre ellos.
Esa noche, Ena salió de la casa sin decir una palabra. Andrea quiso seguirla, pero se detuvo al ver a Román en el pasillo. La miró con una expresión que mezclaba cansancio y algo que Andrea no podÃa descifrar.
—¿Lo sabÃas? —preguntó Andrea, incapaz de contenerse más.
—SabÃa que esto pasarÃa —respondió Román, encendiendo un cigarrillo y tomando una calada lenta.
—¿Por qué lo hiciste?
Román sonrió, pero no habÃa alegrÃa en esa sonrisa.
—Porque algunos secretos no pueden quedarse enterrados. Y porque a veces, Andrea, destruir es la única forma de crear algo nuevo.