Cómo ganar amigos e influir sobre las personas
Cómo ganar amigos e influir sobre las personas Pero el niño no prestaba atención alguna a estas requisitorias. Quien tenga un adarme de sentido común no puede esperar que un niño de tres años reaccione según el punto de vista de un padre que tiene treinta. Pero era eso precisamente lo que esperaba el padre. Resultaba absurdo. Por fin lo comprendió, y se dijo: «¿Qué quiere este niño? ¿Cómo puedo vincular lo que yo quiero con lo que quiere él?».
Era fácil, una vez que se puso a pensar. Su hijito tenía un triciclo en el que le gustaba pedalear por la acera, frente a su casa. Unas casas más lejos vivía un «matón»: un niño algo mayor, que le quitaba el triciclo al niñito y empezaba a pedalear. Naturalmente, el niñito corría hasta su madre, que tenía que ir a quitar el triciclo al «matón» y devolverlo a su hijito. Esto ocurría casi todos los días.