A traves del espejo
A traves del espejo -Lo haré si aún me acuerdo de la letra después de tanto tiempo --prometió Alicia.
-No es necesario que hagas esos comentarios a cada cosa que digo --recriminó Humpty Dumpty-no tienen ningún sentido y me hacen perder el hilo...
Mandéles a los peces un recado:
«¡Qué lo hicieran ya de una vez!»
Los pequeños pescaditos de la mar mandáronme una respuesta a la par.
Los pequeños pescaditos me decían: «No podemos hacerlo, señor nuestro, porque...» -Me temo que no estoy comprendiendo nada -interrumpió Alicia. -Se hace más fácil más adelante -aseguró Humpty Dumpty.
Otra vez les mandé decir: «¡Será mejor que obedezcáis!»
Los pescaditos se sonrieron solapados. «Vaya genio tienes hoy», me contestaron.
Se lo dije una vez y se lo dije otra vez. Pero nada, no atendían a ninguna de mis razones.
Tomé una caldera grande y nueva, que era justo lo que necesitaba.
La llené de agua junto al pozo y mi corazón latía de gozo.
Entonces, acercándoseme me dijo alguien: «Ya están los pescaditos en la cama».
Le respondí con voz bien clara: «¡Pues a despertarlos dicho sea!»