A traves del espejo
A traves del espejo -Y sin embargo, ¿quién sabe? -continuó diciendo el mosquito, así como quien no le da importancia a la cosa-. ¡Imagínate lo conveniente que te sería volver a casa sin nombre! Entonces si, por ejemplo, tu niñera te quisiese llamar para que estudiaras la lección, no podría decir más que «¡Ven aquí...!», y allí se quedaría cortada, porque no tendría ningún nombre con que llamarte, y entonces, claro está, no tendrías que hacerle ningún caso.
-¡Estoy segura de que eso no daría ningún resultado! -respondió Alicia-. ¡Mi niñera nunca me perdonaría una lección sólo por eso! Si no pudiese acordarse de mi nombre me llamaría «señorita», como hacen los sirvientes.
-Bueno, pero entonces si dice «señorita» sin decir más, tú podrías decir que habías oído que «te la quita» y quedarte también sin lección. ¡Es un chiste! Me hubiese gustado que lo hubieses hecho tú.
-No sé por qué dices que te habría gustado que se me hubiera ocurrido a mí -replicó Alicia-; es un chiste muy malo.