A traves del espejo
A traves del espejo Pero el mosquito sólo suspiró profundamente, mientras dos lagrimones le surcaban las mejillas. -No debieras de hacer esos chistes -le dijo Alicia-si te ponen tan triste. Otra vez le dio al mosquito por dar uno de esos imperceptibles suspiros melancólicos y esta vez sí que pareció haberse consumido de tanto suspirar, pues cuando Alicia miró hacia arriba no pudo ver nada sobre la rama; y como se estaba enfriando de tanto estar sentada se puso en pie y empezó a andar.
Muy pronto llegó a un campo abierto con un bosque al fondo: parecía mucho más oscuro y espeso que el anterior y Alicia se sintió algo atemorizada de adentrarse en él. Pero, después de pensarlo, se sobrepuso y decidió continuar adelante: -Porque desde luego no voy a volverme atrás -decidió mentalmente; y además era la única manera de llegar a la octava casilla.