A traves del espejo
A traves del espejo Se quedó parada ahí pensando en silencio y continuó súbitamente sus cavilaciones: -Entonces, ¡la cosa ha sucedido de verdad, después de todo! Y ahora, ¿quién soy yo? ¡Vaya que si me acordaré! ¡Estoy decidida a hacerlo! -Pero de nada le valía toda su determinación y todo lo que pudo decir, después de mucho hurgarse la memoria, fue -L. ¡Estoy segura de que empieza por L!
En ese preciso momento se acercó un cervato a donde estaba Alicia; se puso a mirarla con sus tiernos ojazos y no parecía estar asustado en absoluto. -iVen! ¡Ven aquí! -le llamó Alicia, alargando la mano e intentando acariciarlo; pero el cervato se espantó un poco y apartándose unos pasos se la quedó mirando.
-¿Cómo te llamas tú? -le dijo al fin, y ¡qué voz más dulce que tenía! -¡Cómo me gustaría saberlo! -pensó la pobre Alicia; pero tuvo que confesar, algo tristemente: -No me llamo nada, por ahora.
-¡Piensa de nuevo! -insistió el cervato, porque así no vale. Alicia pensó, pero no se le ocurría nada. -Por favor, ¿me querrías decir cómo te llamas tú? -rogó tímidamente-. Creo que eso me ayudaría un poco a recordar.
-Te lo diré si vienes conmigo un poco más allá -le contestó el cervato porque aquí no me puedo acordar.