A traves del espejo
A traves del espejo -Pero, ¿es que no me oyes decir que «plumees»? -gritó enojada la oveja empuñando todo un manojo de agujas.
-Desde luego que sí -repuso Alicia. -Lo ha dicho usted muchas veces... y además levantando mucho la voz. Me querría decir, por favor, ¿dónde están los cangrejos?
-¡En el agua, naturalmente! -contestó la oveja, metiéndose unas cuantas agujas en el pelo, pues ya no le cabían en las manos. -¡Plumea, te digo! -Pero, ¿Por qué me dice que «plumee» tantas veces? -preguntó Alicia, al fin, algo exasperada. -¡No soy ningún pájaro!
-¡Sí lo eres! -le aseguró la oveja: -Eres un gansito. Esto ofendió un tanto a Alicia, de forma que no respondió nada durante un minuto a dos, mientras la barca seguía deslizándose suavemente por el agua, pasando a veces por entre bancos de algas (que hacían que los remos se le quedaran agarrotados en el agua más que nunca) y otras veces bajo la sombra de los árboles de la ribera, pero siempre vigiladas desde arriba por las altas crestas de la ribera.
-¡Ay, por favor! ¡Ahí veo unos juncos olorosos! -exclamó Alicia en un súbito arrebato de gozo: -¡De veras que lo son... y qué bonitos que están!