Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —¡Calla, calla, criatura! —dijo la Duquesa—. Todo tiene una moraleja, sólo falta saber encontrarla.
Y se apretujó más estrechamente contra Alicia mientras hablaba. A Alicia no le gustaba mucho tenerla tan cerca: primero, porque la Duquesa era muy fea; y, segundo, porque tenÃa exactamente la estatura precisa para apoyar la barbilla en el hombro de Alicia, y era una barbilla puntiaguda de lo más desagradable. Sin embargo, como no le gustaba ser grosera, lo soportó lo mejor que pudo.
—La partida va ahora un poco mejor —dijo, en un intento de reanudar la conversación.
—Asà es —afirmó la Duquesa—, y la moraleja de esto es… «Oh, el amor, el amor. El amor hace girar el mundo.»
—Cierta persona dijo —rezongó Alicia— que el mundo girarÃa mejor si cada uno se ocupara de sus propios asuntos.
—Bueno, bueno. En el fondo viene a ser lo mismo —dijo la Duquesa, y hundió un poco más la puntiaguda barbilla en el hombro de Alicia al añadir—: Y la moraleja de esto es…
«¡Qué manÃa en buscarle a todo una moraleja!», pensó Alicia.
