Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas La Sota asà lo hizo, muy cuidadosamente, con un pie.
—¡Arriba! —chilló con voz estridente la Reina, y los tres jardineros se incorporaron de un salto y empezaron a hacer reverencias a la Reina, al Rey, a los Infantes y a todos los demás asistentes.
—¡Basta ya! —gritó la Reina—. Me mareáis.
Y luego, volviéndose hacia el rosal, añadió:
—¿Qué estabais haciendo aqu�
—Con la venia de Su Majestad —dijo Dos, hincando muy sumiso la rodilla conforme hablaba—, estábamos intentando…
—¡Ya veo! —dijo la Reina, que en el Ãnterin habÃa estado examinando las rosas—. ¡Que les corten la cabeza!
Y el cortejo avanzó, mientras tres de los soldados se quedaban atrás para ejecutar a los infortunados jardineros, que corrieron hacia Alicia en busca de protección.
—¡No seréis decapitados! —dijo Alicia, y los metió en una gran maceta que habÃa cerca. Los tres soldados se pasaron buscándolos de un lado a otro, durante uno o dos minutos, y luego, tranquilamente, se marcharon detrás de los demás.
—¿Les han cortado la cabeza? —gritó la Reina.
—¡No ha quedado ni rastro, con la venia de Su Majestad! —gritaron como respuesta los soldados.