Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —¡Perfecto! —gritó la Reina—. ¿Sabes jugar al croquet?
Los soldados miraron en silencio a Alicia, porque la pregunta iba evidentemente dirigida a ella.
—¡SÃ! —gritó Alicia.
—¡Pues andando! —rugió la Reina, y Alicia se unió al cortejo, preguntándose qué ocurrirÃa a continuación.
—¡Hace…, hace un dÃa muy bonito! —dijo a su lado una voz entrecortada. Alicia vio que estaba caminando junto al Conejo Blanco, que la miraba ansiosamente a la cara.
—Mucho —dijo Alicia—. ¿Y dónde está la Duquesa?
—¡Chist! ¡Chist! —le conminó en voz baja, muy apurado, el Conejo.
Espió ansiosamente sobre su hombro, luego se puso de puntillas, pegó su boca al oÃdo de Alicia y susurró:
—La han condenado a muerte.
—¿Por qué? ¿Ha cometido algún error?
—¿Has dicho «¡qué horror!»? —preguntó el Conejo.
—No, no lo he dicho —contestó Alicia—. No serÃa ningún horror. He dicho «¿por qué?»
—Dio un cachetazo a la Reina… —empezó el Conejo, y Alicia no pudo contener la risa.