Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —No puedo hacerte una demostración, ya que ahora estoy muy baja de forma —respondió la Falsa Tortuga—. Y el Grifo, como él mismo podrá decirte, nunca aprendió a tintar al bóleo.
—Nunca tuve tiempo suficiente —se excusó el Grifo—. Pero sà que iba a las clases de Letras. Y tenÃamos un maestro que era un gran maestro, un viejo cangrejo.
—Nunca fui a sus clases —dijo la Falsa Tortuga lloriqueando—, dicen que enseñaba patÃn y riego.
—SÃ, sà que lo hacÃa —respondió el Grifo. Y las dos se taparon la cabeza con las patas, muy soliviantadas.
—¿Cuantas horas al dÃa duraban esas lecciones? —preguntó Alicia interesada, aunque no lograba entender mucho qué eran aquellas asignaturas tan raras, o si es que no sabÃan pronunciar. Tintura al bóleo deberÃa ser pintura al óleo, y patÃn y riego serÃan latÃn y griego, pero lo que es las otras, se le escapaban.
—TenÃamos diez horas al dÃa el primer dÃa. Luego, el segundo dÃa, nueve y asà sucesivamente.
—Pues me resulta un horario muy extraño —observó la niña.
—Por eso se llamaban cursos, no entiendes nada. Se llamaban cursos porque se acortaban de dÃa en dÃa.
Eso resultaba nuevo para Alicia y antes de hacer una nueva pregunta le dio unas cuantas vueltas al asunto.