Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —¡Chist! —le susurró el Conejo, aterrado—. ¡La Reina puede oÃrte! La Duquesa, ¿sabes?, llegó con cierto retraso, y la Reina dijo…
—¡Cada cual a su sitio! —gritó atronadora la Reina, y la gente se puso a correr en todas direcciones, tropezando unos con otros. Sin embargo, al cabo de unos minutos, cada cual estaba en su sitio y empezó la partida.
Alicia pensó que nunca habÃa visto un campo de croquet más curioso: estaba lleno de zanjas y montÃculos; erizos y flamencos vivos servÃan respectivamente de bolas y de mazos, y los soldados se doblaban sobre manos y pies haciendo de arcos.