Alicia en el País de las Maravillas

Alicia en el País de las Maravillas

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La principal dificultad que encontró Alicia al comienzo fue el manejo del flamenco: logró encajar bastante bien el cuerpo bajo su brazo, con las patas colgando hacia abajo, pero en general, cuando lo tenía a punto, con el cuello bien estirado, y se disponía a dar un golpe al erizo con la cabeza, el ave de pronto se giraba, mirándola a la cara con tan perpleja expresión que Alicia no podía contener la risa, y cuando de nuevo había conseguido bajarle la cabeza e iba a reiniciar la operación, resultaba muy confuso observar que el erizo ya se había desenrollado y se alejaba arrastrándose. Además de esto, había casi siempre zanjas o montículos que se interponían en el camino por el que ella iba a lanzar el erizo, y como los soldados en arco todo el rato se levantaban y deambulaban de un lado para el otro del campo, Alicia llegó pronto a la conclusión de que era realmente muy difícil jugar.

Todos jugaban a la vez, sin esperar su turno, discutiendo de continuo y peleándose por los erizos. La Reina, al cabo de muy poco tiempo, estaba hecha una furia y empezó a patalear y a gritar a cada minuto: «¡A ese, que le corten la cabeza!» y «¡A esa, también!».

Alicia empezó a sentirse muy intranquila: en realidad, no había tenido hasta entonces ningún problema con la Reina, pero sabía que podía ocurrir de un momento a otro, «y entonces —pensó—, ¿qué será de mí? Aquí son terriblemente aficionados a decapitar ¡y lo asombroso es que aún quede gente con vida!».


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