Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —¡Vaya! —murmuró en tono dolido—. ¡Sobre gustos no hay nada escrito! ¿Quieres cantarle Sopa de Tortuga, amiga mÃa?
La Falsa Tortuga dio un profundo suspiro y empezó a cantar con voz ahogada por los sollozos:
Hermosa sopa, en la sopera,
tan verde y rica, nos espera.
Es exquisita, es deliciosa.
¡Sopa de noche, hermosa sopa!
¡Hermo…oosa Soo…oopa!
¡Hermo…oosa Soo…oopa!
¡Soo…oopa de la noo…ooche!
¡Hermosa, hermo…SA SOPA!
—¡Canta la segunda estrofa! —exclamó el Grifo.
Y la Falsa Tortuga acababa de empezarla, cuando se oyó a lo lejos un grito de «¡Se abre el juicio!»
—¡Vamos! —gritó el Grifo.
Y, cogiendo a Alicia de la mano, echó a correr, sin esperar el final de la canción.
—¿Qué juicio es éste? —jadeó Alicia mientras corrÃan.
Pero el Grifo se limitó a contestar: «¡Vamos!», y se puso a correr aún más aprisa, mientras, cada vez más débiles, arrastradas por la brisa que les seguÃa, les llegaban las melancólicas palabras: