Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas (La infeliz Lagartija habÃa renunciado ya a escribir en su pizarra con el dedo, porque se dio cuenta de que no dejaba marca, pero ahora se apresuró a empezar de nuevo, aprovechando la tinta que le caÃa chorreando por la cara, todo el rato que pudo.)
—Entonces las palabras del verso no pueden atacarte a ti —dijo el Rey, mirando a su alrededor con una sonrisa.
HabÃa un silencio de muerte.
—¡Es un juego de palabras! —tuvo que explicar el Rey con acritud.
Y ahora todos rieron.
—¡Que el jurado considere su veredicto! —ordenó el Rey, por centésima vez aquel dÃa.
—¡No! ¡No! —protestó la Reina—. Primero la sentencia… El veredicto después.
—¡Valiente idiotez! —exclamó Alicia alzando la voz—. ¡Qué ocurrencia pedir la sentencia primero!
—¡Cállate la boca! —gritó la Reina, poniéndose color púrpura.
—¡No quiero! —dijo Alicia.
—¡Que le corten la cabeza! —chilló la Reina a grito pelado.
Nadie se movió.
—¿Quién le va a hacer caso? —dijo Alicia (al llegar a este momento ya habÃa crecido hasta su estatura normal)—. ¡No son nada fuera de un mazo de cartas!