Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —¿De qué están hechas las tartas?
—De pimienta, principalmente —contestó la cocinera.
—De melaza —dijo una voz somnolienta detrás de ella.
—¡Prended a ese Lirón! —chilló la Reina—. ¡Decapitad a ese Lirón! ¡Expulsad a ese Lirón de la sala! ¡Suprimidlo! ¡Pellizcadlo! ¡Cortadle los bigotes!
Mientras se llevaban al Lirón, reinó por unos minutos en la sala la mayor confusión, y cuando todos volvieron a sus puestos, la cocinera habÃa desaparecido.
—¡No importa! —dijo el Rey, con gran alivio—. Que comparezca el siguiente testigo. —Y añadió por lo bajo a la Reina—: Realmente, querida, tú debes interrogar con suma severidad al siguiente testigo. ¡A mà esto me produce demasiada jaqueca!
Alicia observó cómo el Conejo Blanco rebuscaba el nombre en la lista: sentÃa mucha curiosidad por saber quién serÃa el siguiente testigo, «pues hasta ahora no han obtenido muchas pruebas», se dijo. Imaginad su sorpresa cuando el Conejo Blanco leyó, con la vocecilla más chillona del mundo, el nombre:
—¡Alicia!