Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas Los jurados anotaron en sus pizarras: «Ella no cree que haya un átomo de sentido en el poema», pero ninguno intentó explicarlo.
—Si no tiene sentido —dijo el Rey—, nos ahorraremos un sinfÃn de molestias, pues, en tal caso, no es preciso indagar nada. Y, sin embargo, y a pesar de todo —continuó, desplegando el documento sobre la rodilla y observándolo con un ojo cerrado—, me parece vislumbrar en él cierto sentido… AsÃ, el verso Dijo que yo nadar no sé… Tú no sabes nadar, ¿cierto? —preguntó volviéndose hacia la Sota.
La Sota asintió tristemente con la cabeza y dijo:
—¿Es que acaso tengo aspecto de saber nadar? —(No lo tenÃa, en efecto, pues estaba toda hecha de cartulina.)