Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas »¿Te gustaría vivir en la Casa del Espejo, Mino? ¿Tú crees que te darían leche, allí? A lo mejor la leche del espejo no es buena para beber… Pero ¡ay, gatito, pasemos ya al comedor! Fíjate, si se deja abierta de par en par la puerta del salón, se puede echar una ojeadita al corredor de la Casa del Espejo; y lo que se ve es muy parecido a nuestro corredor, claro que más lejos puede ser muy diferente. ¡Oh, Mino, qué bonito sería poder entrar en la Casa del Espejo! ¡Estoy segura de que contiene un montón de cosas preciosas! Juguemos a que hay un modo, alguno habrá, de entrar en ella. Mino, juguemos a que el cristal se hace blando como gasa, para que así podamos traspasarlo. ¡Pero cómo, si parece que realmente se transforma en niebla! ¡Ahora si que va a ser fácil traspasarlo…!
Mientras decía esto, se vio subida a la repisa de la chimenea, sin saber exactamente cómo diablos había llegado ahí. Y, en efecto, el espejo empezaba a disolverse al contacto de sus manos, como si fuera una clara bruma plateada.