Alicia en el País de las Maravillas

Alicia en el País de las Maravillas

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No poco sorprendida quedó Alicia al oír tales palabras, pero la Reina le inspiraba demasiado respeto para ponerlas en duda. «Lo intentaré al regresar a casa —pensó—, la próxima vez que llegue tarde a la cena.»

—Ya es hora de que contestes —dijo la Reina consultando su reloj—: Abre un poco más la boca al hablar y di siempre Su Majestad.

—Solo quería ver cómo era el jardín, Su Majestad…

—Está bien —dijo la Reina, dándole en la cabeza unas palmaditas, algo que Alicia siempre había detestado—, pero, al oírte decir «jardín», has de saber que yo he visto jardines a cuyo lado este más parecería un desierto.

Alicia no se atrevió a discutirle este punto y prosiguió:

—… y pensé que podría hallar el camino que va a lo alto de la colina.

—Cuando dices «colina» —interrumpió la Reina—, podría mostrarte colinas a cuyo lado esta llamarías un valle.

—Esto sí que no —dijo Alicia, sorprendida de contradecir nada menos que a la Reina—: es evidente que una colina no puede ser un valle. Sería un disparate…

La Reina Roja negó con la cabeza:

—Puedes llamarlo «disparate», si quieres, ¡pero yo he oído disparates a cuyo lado este tiene más sentido que un diccionario!


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