Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas Desde luego, antes que nada, había que examinar a fondo el terreno que iba a recorrer. «Es algo así como aprender geografía», pensó Alicia, y se puso de puntillas para poder ver un poco más de extensión. «Ríos principales… ninguno. Montañas principales… estoy en la única que existe, pero no creo que tenga nombre. Ciudades principales… ¡Vaya! ¿Qué serán esos bichos que ahí abajo hacen miel? Abejas no pueden ser… No se ha visto nunca una abeja a más de un kilómetro de distancia.» Y, durante unos minutos, permaneció en silencio contemplando una de esas criaturas que iba y venía entre las flores e introducía su trompa en ellas, «como una abeja normal y corriente», pensó Alicia.