Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas 
—Siempre, fatalmente —concluyó el Mosquito.
Alicia se quedó callada durante uno o dos minutos, cavilando. Mientras tanto, el Mosquito se entretenía zumbando y revoloteando por su cabeza. Volvió a posarse al fin en una rama y observó:
—Supongo que no querrás perder tu nombre.
—Claro que no —respondió, algo inquieta, Alicia.