Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas Estaban tan inmóviles que ella se olvidó de que eran seres vivos, y cuando se disponÃa a comprobar si realmente, en la parte de atrás del cuello, tenÃan inscrita la palabra «TWEEDLE», una vocecita que provenÃa de DUM le sobresaltó.
—Si nos tomas por figuras de cera —dijo—, recuerda que deberÃas pagar entrada. Las figuras de cera no están hechas para mirarlas gratis. ¡De ningún modo!
—Si, por el contrario —añadió el que respondÃa a la palabra DEE—, crees que estamos vivos, deberÃas hablarnos.
—Lo siento muchÃsimo, os lo aseguro —fue todo lo que pudo decir Alicia, pues le resonaba en la cabeza, como el tictac incesante de un reloj, la letra de una vieja canción, hasta que no pudo más y se puso a recitarla en voz alta:
Tweedledum y Tweedledee
pensaron batirse en duelo,
pues uno dijo que el otro
le echó a perder
su viejo sonajero.
Un monstruoso cuervo,
negro como alquitrán,
se lanzó sobre ellos,