Alicia en el PaĂ­s de las Maravillas

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Soltaron entonces las manos de Alicia y durante un minuto se la quedaron mirando como embobados. La pausa fue algo incómoda para Alicia, pues ella no sabía cómo reiniciar la conversación con unas personas con las que había estado bailando. «Ahora —se dijo— no sería adecuado preguntarles: “¿cómo os va?”. ¡Eso calculo que ya lo hemos dejado atrás!»

—Espero que no estéis muy cansados —dijo al fin.

—De ningún modo. Y mil gracias por la pregunta —dijo Tweedledum.

—Sí, ¡muy agradecido! —añadió Tweedledee—. ¿Te gusta la poesía?

—Bastante… sí, bueno, alguna poesía —dijo sin demasiada convicción Alicia—. ¿Querríais decirme qué camino he de tomar para salir del bosque?

—¿Qué poesía le recito? —dijo Tweedledee a Tweedledum, con los ojos muy abiertos y una mirada llena de solemnidad, sin reparar en la pregunta de Alicia.

—La morsa y el carpintero es la más larga —contestó Tweedledum, dando a su hermano un tierno abrazo.

Tweedledee empezó sin más preámbulo:

El sol con su gran fulgor…

Pero Alicia le interrumpiĂł:

—Si es muy largo —dijo tan cortésmente como pudo—, ¿podríais decirme primero qué camino…?


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