Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas Y Tweedledee, con afable sonrisa, reinició su poema:
El sol con su gran fulgor
sacó lustre y brillo al mar,
cedió esplendor a las olas
hasta que no pudo más…
Y es extraño, pues la noche
se estaba cerrando ya.
La luna de mal humor
dejó su mente volar:
«¿Por qué el sol prosigue ahí
cuando el día se ha ido ya?
Poco sirve ir a una fiesta
que no se va a aprovechar…».
El mar que te moja moja,
seco y seco el arenal.
En el cielo ni una nube,
pues no hay nube que contar;
ni un pájaro que volara
ni que sobrevolará.