Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas «¡Más que recurioso, requetecurioso!», exclamó Alicia (tan sorprendida estaba en aquel momento que se olvidó por completo de hablar con entera corrección). «¡Qué estirón! ¡Ni que fuera el telescopio más grande del mundo! ¡Adiós, pies!» (porque al mirarlos le pareció que los perdÃa de vista, tanto se le alejaban). «¡Ay, mis pobres piececitos, quién os pondrá ahora los zapatos y los calcetines! ¡Estoy segura de que yo no! Demasiado lejos estaré para ocuparme de vosotros: tendréis que arreglároslas solitos, lo mejor que podáis… Pero debo ser amable con ellos —pensó Alicia— ¡o se van a negar a caminar por donde yo quiera ir! Les regalaré un par de botas nuevas todas las Navidades.»
Y siguió discurriendo cómo se las arreglarÃa. «¡Tendrá que ser por correo! —pensó—. ¡Qué divertido enviar regalos a los mismÃsimos pies de una! ¡Y qué extrañas van a resultar las direcciones!
Sr. D. Pie Derecho de Alicia
Felpudo de la Chimenea
Junto al Guardafuegos
(con cariños de Alicia).
¡Ay, Dios mÃo, qué disparates digo!»