Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —¿De veras? No lo vi —dijo Alicia, atisbando con precaución las aguas oscuras por encima de la borda—. ¡Ojalá no se me hubiera escapado…! ¡Me habrÃa gustado tanto llevarme uno a casa! —Pero la oveja no contestó sino que, con una risita de desdén, siguió haciendo punto.
—¿Hay muchos cangrejos por aqu� —preguntó Alicia.
—Cangrejos y toda clase de cosas —dijo la oveja—: un gran surtido, solo tienes que decidirte. A ver, ¿qué es lo que quieres comprar?
—¡Comprar! —repitió Alicia como un eco en un tono entre asombrado y temeroso, pues los remos y la barca y el rÃo se le habÃan desvanecido en el instante y de nuevo se encontraba en la oscura tiendecilla.