Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas
—«Lo encontró conveniente y decidió ir con Edgardo Athelingo al encuentro de Guillermo y ofrecerle la corona. Guillermo actuó al principio con moderación.
Pero la insolencia de sus normandos…» ¿Cómo te sientes ahora, querida? continuó, dirigiéndose a Alicia.
—Tan mojada como al principio —dijo Alicia en tono melancólico—. Esta historia es muy seca, pero parece que a mà no me seca nada.
—En este caso —dijo solemnemente el Dodo, mientras se ponÃa en pie—, propongo que se abra un receso en la sesión y que pasemos a la adopción inmediata de remedios más radicales…
—¡Habla en cristiano! —protestó el Aguilucho—. No sé lo que quieren decir ni la mitad de estas palabras altisonantes, y es más, ¡creo que tampoco tú sabes lo que significan!
Y el Aguilucho bajó la cabeza para ocultar una sonrisa; algunos de los otros pájaros rieron sin disimulo.
—Lo que yo iba a decir —siguió el Dodo en tono ofendido— es que el mejor modo para secarnos serÃa una Carrera Loca.