Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas El Dodo no podÃa contestar a esta pregunta sin entregarse antes a largas cavilaciones, y estuvo largo rato reflexionando con un dedo apoyado en la frente (la postura en que aparecen casi siempre retratados los pensadores), mientras los demás esperaban en silencio. Por fin el Dodo dijo:
—Todos hemos ganado, y todos tenemos que recibir un premio.
—¿Pero quién dará los premios? —preguntó un coro de voces.
—Pues ella, naturalmente —dijo el Dodo, señalando a Alicia con el dedo.
Y todo el grupo se agolpó alrededor de Alicia, gritando como locos:
—¡Premios! ¡Premios!
Alicia no sabÃa qué hacer, y se metió desesperada una mano en el bolsillo, y encontró una caja de confites (por suerte el agua salada no habÃa entrado dentro), y los repartió como premios. HabÃa exactamente un confite para cada uno de ellos.
—Pero ella también debe tener un premio —dijo el Ratón.
—Claro que sà —aprobó el Dodo con gravedad, y, dirigiéndose a Alicia, preguntó—: ¿Qué más tienes en el bolsillo?
—Sólo un dedal —dijo Alicia.
—Venga el dedal —dijo el Dodo.