Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas 
Todo esto pasó inadvertido a Alicia que, con la mano por visera, seguÃa mirando atentamente hacia el camino.
—¡Ahora sà que veo a alguien! —gritó de pronto—. Pero viene muy despacio… ¡y adopta unas posturas muy raras…! (Pues el mensajero, a medida que avanzaba, iba dando brincos y se retorcÃa como una anguila, con las manazas a ambos lados extendidas a modo de abanicos.)