Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —¿Por qué raras? —dijo el Rey—. Es, simplemente, un mensajero anglosajón… y sus posturas son también anglosajonas. Las adopta solo cuando está contento. Se llama Haigha —(lo pronunció como si rimara con «agua»).
—A mi amor amo con H —empezó Alicia, sin poder contenerse— porque es tan hacendoso; lo odio con H porque es tan horroroso; lo alimento de… de… heno y huevo duro. Haigha se llama el hombre y habita…
—En su habitación —añadió simplemente el Rey, sin tener la menor idea de sumarse asà al juego de Alicia, la cual aún vacilaba en busca de un nombre de ciudad que empezara con H—. El otro mensajero se llama Hatta. Compréndelo, deben ser dos… para ir y volver. Uno de ida y otro de vuelta.
—Lo siento pero me estoy quedando en blanco…
—También yo estoy casi sin blanca y no voy mendigando…
—Solo querÃa decir que no he entendido nada —dijo Alicia—. ¿Por qué uno de ida y otro de vuelta?
—Pero ¿no te lo he dicho ya? —repitió con impaciencia el Rey—. Necesito tener dos… para llevar y traer. Uno para llevar y otro para traer.
En aquel momento llegó el mensajero. De tan extenuado, no podÃa ni hablar: solo gesticulaba y hacÃa al pobre Rey las más horribles muecas.