Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —¡Ahora serÃa el momento de entablar una gran lucha por el trono! —dijo el Unicornio, observando furtivamente la corona que al pobre Rey, de tanto temblar, se le tambaleaba en la cabeza.
—Yo ganarÃa sin ninguna dificultad —dijo el León.
—No estés tan seguro —dijo el Unicornio.
—¡So gallina, pero si te di un palizón por toda la ciudad! —replicó furioso el León, medio levantándose.
En aquel momento, intervino el Rey para impedir que continuase la querella: estaba muy nervioso y le temblaba la voz.
—¿Por toda la ciudad? No es poca la distancia. ¿Pasasteis por el puente viejo y por la plaza del mercado? La mejor vista está en el puente viejo.
—No lo sé con certeza —rezongó el León echándose otra vez al suelo—. HabÃa demasiado polvo y no se podÃa ver nada. ¡Cuánto tarda este monstruo en dividir la tarta!
Alicia, con la bandeja en las rodillas, se habÃa sentado a la orilla del arroyo y se empeñaba en cortar los trozos.
—¡Es exasperante! —dijo en respuesta al León (ya empezaba a estar habituada a que la llamaran «monstruo»)—. ¡La he partido en trozos, pero siempre se me vuelven a juntar!