Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas 
se levantaban (furiosos de que interrumpieran su fiesta), antes de caer de rodillas y taparse los oídos, en un vano intento de sustraerse al terrible estrépito.
«¡Si no los arroja de la ciudad este estruendo de tambores —pensó—, ya nada lo logrará!»