Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —Aún no —dijo el Caballero—. Pero sà uno para que no caiga.
—Me gustarÃa mucho conocerlo, de veras.
—Primero tomas una estaca bien recta —dijo el Caballero—. Luego haces que el pelo trepe por ella, como un frutal por un rodrigón. Ahora bien, la razón por la que cae el pelo está en que cuelga hacia abajo… Las cosas nunca caen hacia arriba, como sabes muy bien. Es un sistema de mi propia invención. Puedes probarlo si quieres.
«El sistema no parecÃa muy cómodo», pensó Alicia. Caminó en silencio un rato, dándole vueltas a la misma idea y parándose de vez en cuando para auxiliar al pobre Caballero, que no era precisamente un buen jinete.
Siempre que se detenÃa el caballo (lo cual ocurrÃa muy a menudo), se caÃa por delante; y siempre que arrancaba de nuevo (lo cual hacÃa por lo general de forma más bien brusca), se caÃa por detrás. Por lo demás, mantenÃa bastante bien el equilibrio, salvo que tenÃa la mala costumbre de caerse de tanto en tanto por los lados; y como generalmente esto ocurrÃa por el lado en que caminaba Alicia, ella comprendió que el mejor sistema era no caminar muy pegada al caballo.
—Me temo que no tiene usted mucha práctica de montar a caballo —se atrevió a decir, mientras le ayudaba a montar tras su quinta caÃda.