Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —¡Esto es demasiado ridÃculo! —exclamó Alicia, perdiendo al fin la paciencia—. Usted lo que necesita es un caballo de madera con ruedas, ¡eso es lo que necesita!
—Ese tipo de caballo, ¿marcha realmente sobre ruedas? —preguntó con tono de gran interés el Caballero y, mientras asà hablaba, se agarró al cuello del caballo para evitar una nueva caÃda.
—Mucho más que un verdadero caballo —dijo Alicia con un estallido de risa que, pese a sus esfuerzos, no pudo contener.
—Pues me conseguiré uno —dijo pensativo, como para sà mismo, el Caballero—. Uno o dos…, varios.
Tras un breve silencio, el Caballero prosiguió:
—Poseo un gran talento y habilidad para inventar cosas. Al levantarme la última vez, habrás notado que estaba yo algo pensativo, ¿no?
—En efecto, estaba más bien grave.
—Es que justamente estaba inventando un nuevo método para pasar una cerca… ¿Te gustarÃa saber cómo?
—Y tanto que sà —dijo cortésmente Alicia.