Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas A Alicia no le salió otra respuesta mejor que un incrédulo «¿De veras?», aunque lo dijo tan cordialmente como pudo. Después de esto, prosiguieron por un rato su camino en silencio, el Caballero con los ojos cerrados, murmurando para sus adentros, y Alicia aguardando expectante la próxima caÃda.
—El gran arte de la equitación —empezó a decir de pronto en voz alta el Caballero, gesticulando con el brazo derecho— consiste en mantener… —La sentencia quedó interrumpida ahÃ, tan bruscamente como se habÃa iniciado, pues el Caballero cayó de cabeza, con todo su peso, justo en mitad del camino, por donde iba Alicia. Esta vez ella se asustó mucho y le dijo, con voz angustiada, mientras lo levantaba:
—Espero que no se haya roto ningún hueso.
—Ninguno que merezca este nombre —dijo el Caballero, como si el simple quebranto de dos o tres pequeños careciera de importancia—. Como te decÃa, el gran arte de la equitación consiste en… mantener adecuadamente el equilibrio. AsÃ, fÃjate…
Soltó las riendas y extendió ambos brazos para mostrar a Alicia lo que querÃa decir, y esta vez se cayó de espaldas, justo bajo las patas del caballo.
—¡Tengo práctica más que suficiente! —seguÃa repitiendo mientras Alicia le ayudaba a enderezarse—. ¡Más que suficiente!