Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —¿De qué iba a estar hecho ese pudin? —preguntó Alicia con vistas a animar asà un poco al pobre Caballero, que parecÃa deprimido.
—Para empezar, de papel secante —contestó gimiendo.
—No tendrÃa un sabor muy bueno, me temo…
—Solo no —le interrumpió con cierta impaciencia el Caballero—, pero no puedes imaginarte qué diferencia si lo mezclas con otras cosas… como pólvora y lacre. Pero aquà tengo que dejarte. —Acababan de llegar al linde del bosque.
Alicia, que seguÃa pensando en el pudin, no salÃa de su asombro.
—Estás triste —le dijo con voz inquieta el Caballero—, asà que para alegrarte voy a cantar una canción.
—¿Es muy larga? —le preguntó Alicia, pues ese dÃa ya habÃa escuchado un montón de poesÃas.
—Es larga —dijo el Caballero—, pero muy, muy hermosa. A todo aquel que me la oye cantar… o se le asoman las lágrimas o si no…
—O si no, ¿qué? —dijo Alicia, pues el Caballero se habÃa quedado cortado de golpe.
—… pues no se le asoman, ¿comprendes? El nombre que le dan es Ojos de besugo.
—¡Ah! ¿Es ese el nombre de la canción? —dijo Alicia, aparentando interés.