Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —Creo que usted no se encuentra muy bien —dijo dulcemente—. ¿Puedo hacer algo por usted?
—Todo es por culpa de la peluca —dijo, con voz más apaciguada, la Avispa.
—¿Por culpa de la peluca? —repitió Alicia, muy contenta al ver que por fin se iba calmando.
—También tú estarÃas enfadada si tuvieras una peluca como la mÃa —afirmó la Avispa—. Se burlan de uno. Y lo fastidian. Y entonces, claro, me irrito. Y me enfrÃo. Y me acurruco debajo de un árbol. Y me pongo un pañuelo amarillo. Y me vendo la cara… como ahora.
Alicia lo miró con lástima.
—Vendarse la cara es muy bueno para el dolor de muelas —le dijo.
—Y es muy bueno para el engreimiento —añadió la Avispa.
Alicia no entendió muy bien la última palabra.
—¿Es una especie de dolor de muelas? —preguntó.
La Avispa meditó un instante.
—Exactamente, no —dijo—. Es cuando tienes erguida la cabeza… asÃ… sin doblar el cuello.
—¡Ah, usted quiere decir tortÃcolis! —dijo Alicia.
—Ese es el nombre que le dan ahora. En mis tiempos se decÃa engreimiento.