Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas Alicia, por un buen rato, golpeó la puerta e hizo sonar la campanilla, pero todo fue en vano. Al final, una Rana muy vieja que estaba sentada bajo un árbol se levantó y se le acercó renqueando, muy lentamente: su vestido era de un amarillo vivo y llevaba unas botas enormes.
—¿Qué pasa ahora? —murmuró con grave ronquera la Rana.
Alicia se volvió, dispuesta a querellarse con el primero que se le cruzase, y empezó a decir muy enojada:
—¿Dónde está el encargado de contestar a la puerta?
—¿Qué puerta? —dijo la Rana.
Esta, al hablar, arrastraba tanto las palabras que Alicia apenas pudo reprimir una pataleta de irritación.