Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas La Reina Roja, a quien iban dirigidas estas palabras, le contestó con otras no menos desviadas del tema en cuestión.
—A propósito de peces —dijo con voz muy lenta y solemne, acercando su boca al oÃdo de Alicia—: Su Blanca Majestad sabe una preciosa adivinanza… enteramente en verso… y enteramente sobre peces. ¿Quieres que la recite?
—Su Roja Majestad es muy amable al mencionarlo —murmuró la Reina Blanca al otro oÃdo de Alicia, con voz parecida al arrullo de una paloma—. ¡SerÃa para mà un gran placer! ¿Me permites?
—No faltarÃa más —dijo muy cortésmente Alicia.
La Reina Blanca rio de puro contenta y acarició a Alicia en la mejilla. Luego empezó a recitar:
Hay que pescar el pez, antes que nada.
Cosa fácil: un crÃo puede hacerlo.
Hay que comprar el pez, una vez esto:
con un penique, creo, sobra y basta.
Pues bien, ¡ahora cocÃname el pescado!
Es cosa de un minuto: ¡va marchando!
En una fuente arréglamelo bien:
en la fuente estará en un santiamén.