Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —Y en cuanto a usted —añadió, señalando furiosa a la Reina Roja a la que consideraba causante de todo el descalabro… Pero la Reina ya no estaba en su sitio… HabÃa quedado de pronto reducida al tamaño de una muñequita y correteaba muy alegre, de un lado a otro de la mesa, tras el propio mantón que arrastraba a sus espaldas.
Todo esto, en cualquier otro momento, habrÃa dejado estupefacta a la muchacha, pero su misma excitación le impedÃa sorprenderse ahora de nada.
—En cuanto a ti —repitió, agarrando a la criatura en el preciso instante en que saltaba por encima de una botella recién aterrizada sobre la mesa—, te voy a sacudir hasta volverte igual que un gatito, ¡ya verás!