Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas Los mininos (Alicia habÃa hecho una vez la observación) tienen la mala costumbre de ponerse a ronronear siempre, les digas lo que les digas.
—Si ronronearan únicamente para decir «sû y maullaran para decir «no», o cualquier otra regla por el estilo —habÃa dicho—, serÃa posible entablar con ellos una conversación. Pero ¿cómo hablar con una persona que siempre dice lo mismo?
En esta ocasión, Mino se limitaba a ronronear y era imposible saber si querÃa decir que «sû o que «no».
Alicia, pues se puso a rebuscar por la mesa, entre las piezas de ajedrez, hasta que dio con la Reina Roja: se arrodilló luego sobre la alfombra, delante de la chimenea, y colocó a Mino y a la Reina frente a frente.
—¡Bien, Mino! —exclamó batiendo palmas, con aire de triunfo—. ¡Confiesa lo de tu transformación en Reina!
(Pero Mino no querÃa mirarla —le explicó después a su hermana—: volvió la cabeza y simulaba que no la veÃa. Sin embargo, parecÃa estar un poco avergonzado, de lo que deduzco que debió de ser él la Reina Roja.)
—¡Mantente un poco más derecho! —le gritó riendo Alicia—. Y haz una reverencia mientras piensas lo que vas a… a ronronear. Recuérdalo, ¡asà ganas tiempo! —Y lo alzó en brazos para darle un besito, «solo para felicitarle por haber sido una Reina Roja».