Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas »¡Copito, mi tesoro! —prosiguió, mirando a un lado hacia el gatito blanco que se sometÃa aún pacientemente a la operación de aseo—, ¿cuándo, quisiera yo saber, acabará Dina de limpiar a Su Blanca Majestad? Será por eso que tú estabas tan desaseada en el sueño… ¡Dina! ¡Estás restregando a una Reina Blanca! ¿Lo sabÃas? Realmente, ¡qué poco respeto!
»¿Y en qué se transformó Dina, me pregunto? —siguió parloteando Alicia, mientras se tendÃa indolentemente en el suelo, con un codo apoyado sobre la alfombra y la barbilla en una mano, observando a los gatitos—. Dime, Dina, ¿eras tú Humpty Dumpty? Yo creo que sÃ…, aunque mejor será que por ahora no lo digas a tus amigos, pues no estoy muy segura.
»Y a propósito, Mino, si de veras has estado conmigo en el sueño, supongo que habrás disfrutado al menos de una cosa…, ¡de la increÃble cantidad de poemas sobre peces que me recitaron! Mañana por la mañana será una auténtica fiesta para ti. Mientras tomes el desayuno, te recitaré La morsa y el carpintero ¡y entonces podrás imaginar que estás comiendo ostras!