Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas ¡que no se desperdicie ni una oportunidad!
»Porque Inglaterra aguarda… omito las palabras
pues bien sabéis la frase, tremenda aunque trivial:
sacad de los paquetes las cosas necesarias
y pertrechaos de armas para mejor luchar.»
Entonces el Banquero endosó un cheque en blanco
(que barró) y convirtió la moneda en billetes.
Sacudió el Panadero el polvo de los siete
abrigos y, por último, se peinó su mostacho.
Tasador, Limpiabotas, como buenos hermanos,
por turnos afilaban en la rueda la azada;
el Castor, por su parte, interés no mostraba
salvo en seguir tejiendo el encaje iniciado.
Por más que el Abogado, apelando al orgullo
del Castor procediera a citarle unos casos
en que se había juzgado como delito público
cualquier labor de encaje, fue totalmente en vano.
El Sombrerero, presa de un acceso de rabia,
tramaba nuevas formas de colocar sus lazos,