Alicia en el País de las Maravillas

Alicia en el País de las Maravillas

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en tanto el del Billar, con temblorosa mano,

se pintaba con tiza la punta de la napia.

Nervioso, el Carnicero se engalanó muy bien:

guantes de cabritilla, amarillos, gorguera…

Dijo que se sentía como quien va a una cena,

a lo que el Capitán comentó: «¡Qué memez!».

«¿Me lo presentará si con él algún día

nos encontrara juntos?», le imploró el Carnicero.

Contestó el Capitán con sagaz ironía:

«Tal vez sí, tal vez no; dependerá del tiempo».

Galofante se puso el Castor de contento

al ver al Carnicero tan débil y nervioso,

e incluso el Panadero, aunque macizo y necio,

hizo un esfuerzo ímprobo para guiñar un ojo.

«¡Compórtate!», exclamó con furia el Capitán,

al ver que el Carnicero estallaba en sollozos.

«Si Jubjub, ave horrible, acierta a aterrizar,

¡debemos ser muy hombres, todo vigor es poco!»


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