Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas Con cuidado y dedales lo buscan; lo persiguen
con no poca esperanza y más de un tenedor;
lo amagan con acciones de los ferrocarriles;
lo hechizan finalmente con sonrisa y jabón.
Temblaban al pensar que fallara la caza.
El Castor, sin embargo, alborozado al máximo,
daba saltos y brincos con la punta del rabo,
porque la luz del día poco a poco menguaba.
«¡Ya grita como un loco el “Quienquiera que sea”!
¡Ya grita, ahora escuchadlo! —exclamó el Capitán—.
Ya agitando las manos, sacude la cabeza:
¡sin duda es que, por fin, ha encontrado un Snark!»
Miraban extasiados, en tanto el Carnicero
exclamaba: «¡Fue siempre un terrible bromista!».
Y vieron a su héroe sin nombre, al Panadero,